domingo, 25 de septiembre de 2011

Integrantes

Nombres de los integrantes: Frey Antonela
                                           Mamaní Evelyn
                                           Guerrero Dolly

Colegio: Polimodal n° 25

Curso: 3° "B"

Fundamentación del tema

La causa del tema seleccionado, que fue trabajado en este Blogger es que se debe al intéres y a la curiosidad sobre la inmigración, que  es un tema muy  importante que produjo cambios en la historia Argentina. Para eso era necesario investigar y  reflejar  sobre aquella época: sus causas, sus consecuencias: en la sociedad, en la economía, entre otras, y también de la actualidad , que provienen de diversas fuentes: de páginas de internet y de libros; para armarlo en solo blog.
Gracias a este blog hemos incoparado nueva   información y hemos aprendido más sobre los inmigrantes.

Biblografia

sábado, 24 de septiembre de 2011

La Boca entre conventillo y nostalgias

Caminito, Quinquela, el Riachuelo, los inmigrantes.



La Boca es uno de esos grandes barrios que invitan a ser recorridos una y otra vez. Por su historia y su belleza es uno de los más pintorescos de Buenos Aires.
Ubicado en el sur de la ciudad, a principios de siglo se convirtió en el lugar de albergue para miles de inmigrantes, en su mayoría italianos, que venían a la Argentina con el sueño de una vida mejor.

La calle Caminito, lugar típico de la Boca, es un ejemplo de la forma de las viviendas de principios de siglo. Allí se encuentrar recreados los viejos conventillos pintados en vivos colores. El paseo peatonal también sirve como centro de exposiciones para muchos artistas como pintores y artesanos que ofrecen sus trabajos a los interesados.
La gastronomía también es muy buena en la zona. Hay restaurantes típicos, especializados en mariscos y algunos muy exclusivos como "Patagonia", un reducto cuyo propietario es el reconocido chef Francis Mallman.
El fútbol es un espectáculo aparte en la Boca. El barrio alberga al club más popular del deporte preferido por los argentinos. El visitante puede recorrer los contornos del estadio, donde podrá apreciar los grandes murales con motivos "futboleros" pintados por el destacado artista plástico Pérez Celis. Y, si se anima a conocer la pasión por la "redonda" algún domingo puede ver un partido de fútbol.
En la Boca también se encuentra el museo "Benito Quinquela Martín" que guarda lo más destacado de la obra de este gran artista que supo registrar como ninguno, el ritmo incesante del puerto y el esfuerzo de los obreros por descargar las mercaderías que allí ingresaban.
Por último se puede nombrar la pequeña rambla del barrio, construida recientemente frente al Riachuelo, desde donde puede observarse viejos barcos abandonados, en un espectáculo cargado de nostalgia.
La Boca es un barrio construido por inmigrantes que supieron formar esta cultura enorme que resguarda Buenos Aires.

Crónica de un inmigrante

Buenos Aires, 26 de Septiembre de 1891


Aprovecho la ida de un amigo a la ciudad para volver a escribirles. No sé si mi anterior habrá llegado a sus manos. Aquí estoy sin comunicación con nadie en el mundo. Sé que las cartas que mandé a mis amigos no llegaron. Es probable que éstos nuestros patrones que nos explotan y nos tratan como a esclavos, intercepten nuestra correspondencia para que nuestras quejas no lleguen a conocerse.


Vine al país halagado por las grandes promesas que nos hicieron los agentes argentinos en Viena. Estos vendedores de almas humanas sin conciencia, hacían descripciones tan brillantes de la riqueza del país y del bienestar que esperaba aquí a los trabajadores, que a mí con otros amigos nos halagaron y nos vinimos.


Todo había sido mentira y engaño.


En B. Ayres no he hallado ocupación y en el Hotel de Inmigrantes, una inmunda cueva sucia, los empleados nos trataron como si hubiésemos sido esclavos. Nos amenazaron de echarnos a la calle si no aceptábamos su oferta de ir como jornaleros para el trabajo en plantaciones a Tucumán. Prometían que se nos daría habitación, manutención y $20 al mes de salario. Ellos se empeñaron hacernos creer que $20 equivalen a 100 francos, y cuando yo les dije que eso no era cierto, que $20 no valían más hoy en día que apenas 25 francos, me insultaron, me decían Gringo de m... y otras abominaciones por el estilo, y que si no me callara me iban hacer llevar preso por la policía.


Comprendí que no había más que obedecer.


¿Qué podía yo hacer? No tenía más que 2,15 francos en el bolsillo.


Hacían ya diez días que andaba por estas largas calles sin fin buscando trabajo sin hallar algo y estaba cansado de esta incertidumbre.


En fin resolví irme a Tucumán y con unos setenta compañeros de miseria y desgracia me embarqué en el tren que salía a las 5 p.m. El viaje duró 42 horas. Dos noches y un día y medio. Sentados y apretados como las sardinas en una caja estábamos. A cada uno nos habían dado en el Hotel de Inmigrantes un kilo de pan y una libra de carne para el viaje. Hacía mucho frío y soplaba un aire heladísimo por el carruaje. Las noches eran insufribles y los pobres niños que iban sobre las faldas de sus madres sufrían mucho. Los carneros que iban en el vagón jaula iban mucho mejor que nosotros, podían y tenían pasto de los que querían comer.


"Molidos a más no poder y muertos de hambre, llegamos al fin a Tucumán. Muchos iban enfermos y fue aquello un toser continuo.


"En Tucumán nos hicieron bajar del tren. Nos recibió un empleado de la oficina de inmigración que se daba aires y gritaba como un bajá turco. Tuvimos que cargar nuestros equipajes sobre los hombros y de ese modo en larga procesión nos obligaron a caminar al Hotel de Inmigrantes. Los buenos tucumanos se apiñaban en la calle para vernos pasar. Aquello fue una chacota y risa sin interrupción. ¡Ah Gringo!¡Gringo de m...a! Los muchachos silbaban y gritaban, fue aquello una algazara endiablada.


"Al fin llegamos al hotel y pudimos tirarnos sobre el suelo. Nos dieron pan por toda comida. A nadie permitían salir de la puerta de calle. Estábamos presos y bien presos.


"A la tarde nos obligaron a subir en unos carros. Iban 24 inmigrantes parados en cada carro, apretados uno contra el otro de un modo terrible, y así nos llevaron hasta muy tarde en la noche a la chacra.


"Completamente entumecidos, nos bajamos de estos terribles carros y al rato nos tiramos sobre el suelo. Al fin nos dieron una media libra de carne a cada uno e hicimos fuego. Hacían 58 horas que nadie de nosotros había probado un bocado caliente.


"En seguida nos tiramos sobre el suelo a dormir. Llovía, una garúa muy fina. Cuando me desperté estaba mojado y me hallé en un charco.


"¡El otro día al trabajo! y así sigue esto desde tres meses.


"La manutención consiste en puchero y maíz, y no alcanza para apaciguar el hambre de un hombre que trabaja. La habitación tiene de techo la grande bóveda del firmamento con sus millares de astros, una hermosura espléndida. ¡Ah qué miseria! Y hay que aguantar nomás. ¿Qué hacerle? "Hay tantísima gente aquí en busca de trabajo, que vegetan en miseria y hambre, que por el puchero no más se ofrecen a trabajar. Sería tontera fugarse, y luego, ¿para dónde? Y nos deben siempre un mes de salario, para tenernos atados. En la pulpería nos fían lo que necesitamos indispensablemente a precios sumamente elevados y el patrón nos descuenta lo que debemos en el día de pago. Los desgraciados que tienen mujer e hijos nunca alcanzan a recibir en dinero y siempre deben.


Les ruego compañeros que publiquen esta carta, para que en Europa la prensa proletaria prevenga a los pobres que no vayan a venirse a este país. ¡Ah, si pudiera volver hoy! "¡Esto aquí es el infierno y miseria negra! Y luego hay que tener el chucho, la fiebre intermitente de que cae mucha gente aquí. Espero que llegue ésta a sus manos: Saluda ...


José Wanza

viernes, 23 de septiembre de 2011

La vida cotidiana de los inmigrantes en los primeros años del siglo XX


Los conventillos

Conventillo de la calle Piedras 1268, en Caras y Caretas de 1902
Muchos de los inmigrantes vinieron de Europa para conseguir vivienda y trabajo (los más pobres). Algunos se quedaron en la ciudad de Bs. As. y solían habitar en conventillos luego de que el período en el Hotel de inmigrantes se les terminaba.


 Cabe destacar, que se consideraba conventillo o casa de inquilino a aquellas que en las que vivan a más de cinco familias o personas independientes, incluido un encargado, cuya unidad de locación sea una pieza, y que tienen en común los servicios de baños, lavatorios, letrinas y lavadero. Según una ordenanza municipal, las habitaciones no deberían ser menor a 12 metros cuadrados y su altura mínima de tres y medio. Sin embargo, la falta de recursos de los que alquilan, trajo como consecuencia, que los cuartos fueran ocupados por varias familias, que contaban sólo con una cortina o biombo para dividir un ambiente.

"Consistían en un terreno de 10 a 15 metros de frente por 50 a 60 de fondo; algo se asemeja a un edificio, por aspecto exterior, o casa de miserable aspecto: generalmente un zaguán  cuyas paredes no podían  ser más mugrientas, y al final del cual una pared de 2 metros de altura impedía que transeúnte se apercibiera de las delicias del interior. El conjunto de piezas más bien que se asemejaban a habitaciones, cualquiera hubiera dicho que eran palomares;al lado de las puertas de cada cuarto,estaban amontonados en completo desorden,cajones que hacían las veces de cocinas, tinas de lavar, receptáculos de una familia,que por lo reducido de la habitación forzosamente, tenían que quedar al intemperie. En la parte alta del conventillo, la estrechez era cada vez mayor, pues no tenían los corredores mas que 1,5 metros de ancho, apenas quedaba espacio para poder pasar.Las paredes,que pedían a gritos una mano de blanqueo,estaban engalanadas con imágenes de madonas o de reyes,generales o caudillos populares. Las celdas eran ocupadas por familias obreras, la mayoría con 3,4,5,y hasta 6 hijos, cuando no por 3 o 4 hombres solos. Poco eran los conventillos donde se albergaban menos de 150 personas.Todos eran, a su vez, focos de infección,verdaderos infiernos,pues el ejercito de chiquillos en eterna algarabía  no cesaban en su griterío ,mientras los mas pequeñuelos ,semi desnudos y mugrientos, cruzaban gateando por el patio  recogiendo y llevando a su boca cuanto residuo hallaban a mano , las mayorcitos saltaban, gritaban y brincaban , produciendo desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche un bullicio insoportable".   




Los baños

No había cloacas. Tanto el retrete como el lavabo eran comunes. Había, en los barrios de Once y La Boca, un servicio cada diez cuartos aproximadamente, según las estadísticas de 1919. Esta situación provocaba epidemias como el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo, los parásitos y las infecciones.


Las cobranzas

El alto precio de los alquileres fue convirtiendo a los conventillos porteños en focos de conflicto. Los cobradores debían pasar a cobrar custodiados por la Policía.
Los desalojos
El inquilino moroso era desalojado por la fuerza pública. Los muebles se subían al carro municipal para trasportarlos a un depósito. En el trance se observaba la solidaridad de los iguales; y el episodio solía terminar en batallas campales.


Cantidad de conventillos en la ciudad de Buenos Aires

jueves, 22 de septiembre de 2011

LOS DERECHOS

"Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la República."


El hotel Inmigrantes


El Hotel de Inmigrantes fue construido en Buenos Aires a principios del siglo XX con el objetivo de recibir, prestar servicios, alojar y distribuir a los miles de inmigrantes que, en ese momento, arribaban a la Argentina procedentes de todo el mundo.
El complejo estaba conformado por diversos pabellones destinados al desembarco, colocación, administración, atención médica, servicios, alojamiento y traslado de los inmigrantes.
El alojamiento, gratuito, era por cinco días. No obstante, la reglamentación se extendía en los casos que hiciera falta, el tiempo necesario para su colocación, hasta que el inmigrante conseguía trabajo. El hotel también los ayudaba a encontrar trabajo, trasladándolos a los lugares donde se precisaba mano de obra.



El hotel dejó de funcionar en 1953 y en 1995 fue convertido en monumento histórico nacional. En la actualidad este predio pertenece a la Dirección Nacional de Migraciones y el antiguo Hotel de Inmigrantes fue convertido en el Museo Nacional de la Inmigración («Museo Hotel de Inmigrantes»). Este cuenta con una muestra estática permanente que es visitada sin costo alguno por gran cantidad de personas, turistas y contingentes de alumnos de escuelas públicas y privadas de todo el país, debido a su gran valor histórico. En diferentes oportunidades, se ofrecen sus instalaciones para la realización de muestras por parte de las colectividades descendientes de aquellos primeros ocupantes del Hotel. La Dirección para visitarlo es, Av. Antártida Argentina 1355, Cuidád Autónoma de Buenos Aires.